Uso
de la toxina butolinica en ORL para el tratamiento y correccion de arrugas
y los tics. información facilitada por Centro
medico Dra Prada
El uso de toxina botulínica en ORL va desde la corrección de arrugas hasta
el tratamiento de los tics y la parálisis facial
Una de las aplicaciones más novedosas de la toxina botulínica es en el First
Bite Sydrome, en el que gracias a su uso se reduce la excesiva secreción
salival.
La utilización de toxina botulínica en patologías otorrinolaringológicas
ha crecido significativamente en los últimos diez años gracias a la búsqueda
progresiva de nuevas aplicaciones del fármaco; así mismo, el camuflaje de
las cicatrices faciales y de la parálisis facial ha avanzado sustancialmente.
Así lo han confirmado los especialistas reunidos con motivo del 60º Congreso
Nacional de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Patología Cérvico-Facial
(SEORL-PCF) que se ha celebrado en Madrid entre el 13 y el 17 de noviembre.
La toxina botulínica es una neurotoxina elaborada por la bacteria Clostridium
botulinum. El efecto farmacológico de la toxina botulínica tiene lugar a
nivel de la unión neuromuscular. La toxina botulínica actúa de forma local
mediante el bloqueo de la liberación de acetilcolina, lo que se traduce
en parálisis muscular temporal. Tal y como ha explicado la Dra. Nuria Mir
Ulldemolins, del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Esperit Sant
de Barcelona, “la toxina botulínica se viene usando farmacológicamente desde
los años 80 y desde el año 2000 de forma normalizada en otorrinolaringología.
En la actualidad, la utilizamos para tratar las disfonías espásticas (una
alteración de la musculatura laríngea que produce una voz entrecortada),
para mejorar las sincinesias o tics faciales, para el tratamiento de la
parálisis del nervio facial, en patologías de las glándulas salivales y,
desde el punto de vista estético, para la corrección de las arrugas faciales”.
Una de las aplicaciones más novedosas de la toxina botulínica es en el First
Bite Syndrome, o síndrome del primer mordisco, que consiste en la aparición
de dolor en la parótida al inicio de la masticación, por lesión de la cadena
simpática cervical o del plexo simpático que inerva la parótida y que suele
aparece después de la cirugía sobre la glándula salival. “Se trata de un
síndrome que no se había definido hasta hace poco y ahora sabemos que existe
y cómo tratarlo con toxina botulínica. Actualmente sabemos que hay una excesiva
secreción salival y podemos remediarlo con el uso de la toxina botulínica
ya que gracias a ella podemos reducir la salivación de estas glándulas”,
ha explicado la Dra. Mir Ulldemolins.
El tratamiento con toxina botulínica se utiliza junto con otras técnicas
pero presenta una clara ventaja sobre las técnicas quirúrgicas y es que
“su aplicación es fácil, nada agresiva y el hecho de que los efectos solo
duren 6 meses hace que, en caso de que algún efecto sea excesivo o no esperado,
sea reversible”, señala la Dra. Mir Ulldemolins. Además, señala la doctora,
“las contraindicaciones son mínimas. Se producen, básicamente en aquellos
pacientes que tienen alteraciones en la conducción nerviosa o alteraciones
musculares como las miotonías pero, exceptuando estos casos, la toxina botulínica
se está utilizando en todo tipo de pacientes”.
La duración aproximada del efecto de la toxina botulínica es de 6 meses,
tiempo tras el cual el paciente debe volver para que se le pueda practicar
otra infiltración. Según la Dra. Mir Ulldemolins, “el hecho de que los efectos
de la toxina botulínica no sean permanentes es una ventaja ya que si hay
efectos secundarios se van a evitar dejando de hacer las infiltraciones.
Para los pacientes que tienen que repetir las infiltraciones, remarcar que
la aplicación es muy cómoda pues se hace en 20 minutos en la propia consulta.
Puede parecer engorroso volver cada seis meses a realizar las infiltraciones,
sin embargo, si se tiene en cuenta que hay pacientes, por ejemplo, con distonía
laríngea que prácticamente no pueden hablar y que gracias a una infiltración
cada seis meses pasan a hablar de forma normal, es evidente que el beneficio
para el paciente es enorme”.
En cuanto a su uso en diferentes pacientes, apuntar que “con cautela y teniendo
siempre en cuenta el riesgo-beneficio y cuando hablamos de patologías importantes
que causan mucha morbilidad al paciente, el uso de la toxina botulínica
está indicado en todos los pacientes. Su aplicación en niños dependerá de
la edad del paciente. En niños con parálisis cerebral que tienen mucha salivación
ya se está empleando actualmente”, concluye la Dra. Mir Ulldemolins.
Avances en el camuflaje de cicatrices faciales
Las cicatrices en el rostro causadas por accidentes o intervenciones quirúrgicas
pueden mejorarse mediante cirugía plástica facial, que contempla el abordaje
de las cicatrices como una manera de camuflar lesiones cutáneas. Tal y como
explica el Dr. Esteban Scola Pliego, Presidente de la Comisión de Cirugía
Plástica Facial de la SEORL, “el camuflaje de cicatrices se puede hacer,
directamente cuando se interviene en el rostro por cualquier tipo de cirugía,
haciendo inicialmente una cicatriz lo más estética posible; o bien interviniendo
sobre una cicatriz previa para intentar mejorarla”. Sin embargo las intervenciones
de camuflaje de cicatrices no aumentan significativamente porque el tratamiento
primario cada vez se hace mejor. “Afortunadamente la primera sutura en urgencias
o en quirófano es más cuidadosa y entonces se evita retocar cicatrices de
forma posterior. Además, cada vez hay más procedimientos con cicatrices
minúsculas y mejor colocadas”, señala el Dr. Scola Pliego.
Tanto en los casos de nuevas cicatrices como en los de cicatrices antiguas
hay una serie de cuestiones a tener en cuenta: “Hay unas líneas en la cara
dónde la tensión de la piel tiende a abrir más la cicatriz y a hacerla más
visible. Si al intervenir hacemos las incisiones en ese sentido es más fácil
que las cicatrices sean menos visibles. Además, se debe intentar que las
cicatrices no tengan tensión, para que se noten menos”.
En los casos de cicatrices previas hay una serie de técnicas para mejorarlas
en el caso de que sean muy antiestéticas. Según el Dr. Scola Pliego, “algunas
que van perpendiculares cruzando las líneas de tensión se pueden transformar
mediante zetaplastia, una técnica que consiste en convertir una cicatriz
lineal en una línea quebrada, pues las líneas irregulares normalmente tienden
a verse menos y además cambiamos la dirección dominante de esa cicatriz
de manera que se ajusta más a las líneas de tensión. Hay casos, como los
queloides (cicatrices que crecen en exceso) en el que hay que valorar el
riesgo de intervenir frente al beneficio que obtendría el paciente”.
Lo que los especialistas en cirugía facial destacan es que el camuflaje
de cicatrices no se hace solo por el aspecto estético, si no porque en algunas
zonas de la cara las cicatrices pueden afectar a la funcionalidad y, en
consecuencia, la calidad de vida del paciente.